Introducción

La alimentación junto con sus prácticas sociales y los procedimientos técnicos vinculados a ella son transversales a la cultura y de manera bidireccional la cultura también lo es con la alimentación. En este sentido los museos como instrumento para la gestión cultural por su naturaleza mimética han ido incorporando paulatinamente la alimentación en sus discursos expositivos llegando a surgir otros -tanto en el sector público como en el privado- que abordan la alimentación de manera específica  centrados en revalorizar, promocionar o difundir determinados productos. A este hecho cultural hay que sumarle que la alimentación y todo sus universo material como simbólico está comenzando a ser considerado como parte integrante del patrimonio cultural de un país, comunidad o colectivo determinado como es el caso de la Dieta Mediterránea que desde el año 2013 está incluida como otras tantas prácticas alimentarias en la Lista del Patrimonio Inmaterial de la Humanidad  de la UNESCO representando a países como Chipre, Croacia, España, Grecia, Italia, Marruecos y Portugal.